PROGRAMACIÓN NEUROLINGÜÍSTICA: ESTOY EN EVIDENCIA, ENGAÑAR TIENE SU CIENCIA

TXT Nicolás Arellano (CONICET/ReLiF), Ángeles Chimenti (CONICET/ReLiF), Laura Ramírez (CONICET/ReLiF) y María Florencia Silva (UBA/ReLiF)

IMG Victor Caballero

Si queremos hacer un recuento de nuestra vida digital como lingüistas, los resultados de búsqueda en Google pueden resultar muy elocuentes: estos dan cuenta de la cantidad disponible de información en línea, los últimos análisis periodísticos sobre variación lingüística, la frecuencia de uso y qué es tendencia diariamente en la sociedad. 

Muches de nosotres comenzamos a interiorizarnos en la lingüística, y ante la duda (o la curiosidad), googleamos reiterativamente varios conceptos, nos suscribimos a distintas páginas, las guardamos en favoritos y nos llenamos de temas para charlar con nuestres colegas y amigues (hasta que un día terminamos formando una red de lingüistas). 

En los últimos años, y cada vez con más frecuencia, aparece un concepto sobre el que nunca escuchamos en la universidad: Programación Neurolingüística (PNL en español —NPL en inglés y, ojo, no te la confundas con natural language processing—). Bueno, suena interesante, ¿no? Por un lado, a muches nos parece atractiva la noción de programación: para algunas líneas de investigación, la metáfora computacional es acertada para dar cuenta del funcionamiento del lenguaje. Por el otro, y con el auge de las neurociencias, es bueno saber que les lingüistas trabajan cada vez más a la par con especialistas en este campo que se ha desarrollado mucho en los últimos años.

En tiempos de pandemia, los cursos, notas y especialistas en programación neurolingüística comienzan a abundar: aparecen en programas de extensión universitarios, se cuelan en notas de color de revistas, salen en columnas de radio, se comparten por Whatsapp y en grupos de Facebook, se recomiendan en salas de espera de hospitales y consultorios psicológicos, se pagan fortunas por capacitación, se arman congresos y hasta quizás alguno incluye la PNL en su abstract o la desliza en alguna ponencia. 

¿Qué tiene que ver con la lingüística? ¿Por qué, dado el anterior panorama, une lingüista no es tendencia en absoluto? ¿Qué es y qué hace la PNL? ¿Es una ciencia o una pseudociencia? ¿Dónde y cuándo surge? ¿Utiliza conceptos lingüísticos? ¿Qué es lo que lleva a que una búsqueda en Google de “investigación en programación neurolingüística” tenga casi siete veces más resultados que “investigación en neurolingüística” (y por qué creemos que es necesario revertir esta disparidad)?

RADIOGRAFÍA DE UN PROGRAMA PARA EL ÉXITO

La PNL, de acuerdo con los especialistas Joseph O’Connor y John Seymour, es “el arte y la ciencia de la experiencia, derivada del estudio de cómo las personas exitosas en distintos campos obtienen sus resultados excepcionales. (…) [Puede ser aprendida] por cualquiera para mejorar su efectividad tanto personal como profesionalmente” (1995: xii). 

¿Era Carl Sagan el que decía en Cosmos que las afirmaciones extraordinarias requieren de evidencia extraordinaria? 

Bueno, la cosa es así. Si une intenta buscar en Google qué es específicamente la PNL, resulta muy difícil encontrar una definición sobria y poco pomposa. Sin embargo, hay dos constantes que siempre aparecen: la oscuridad en la utilización de nociones asociadas a las ciencias cognitivas y a la lingüística, y el carácter práctico y, sobre todo anecdótico, del éxito de la disciplina. Aparentemente, la PNL se trata de una terapia tan efectiva que puede estar ajena a todos los pasos de una investigación científica. 

En este contexto de pandemia, ¿para qué desarrollar una vacuna teniendo PNL? Ya no importan los estudios, sino las historias “milagrosas” de recuperación del COVID-19 a partir de la concentración, la repetición de vocabulario positivo o la meditación. Aquí, lo que importa son exclusivamente las experiencias de los sujetos.

No obstante la poca claridad en cuanto a qué es la PNL, aparece de manera reiterada la idea de “manual para el cerebro”. Pero ¿qué significa esto? En líneas generales, parece basarse en la metáfora “el mapa no es el territorio” (Lankton, 1980) formulada por Alfred Korzybski, un lingüista de Polonia que desarrolló su propio campo de investigación llamado semántica general (por las dudas: no tiene nada que ver con la semántica de la lingüística tradicional, aquella que se centra en los significados de las palabras).

Tomando la metáfora de la semántica general, la PNL promete estudiar la experiencia subjetiva humana empleando herramientas que le permitan al terapeuta acceder al estudio del mapa particular de cada individuo. Este mapa es único (puede estar distorsionado, empobrecido, desactualizado, entre otras particularidades), está constituido por los cinco sentidos y difiere del mapa de la persona que lo está evaluando. El acceso al mapa de un individuo se consigue mediante dos vías —o, bueno, a través de dos supuestos, como veremos más adelante—: el análisis de discurso que permite el acceso a los sistemas representacionales (visual, auditivo, kinestésico) y el estudio de los movimientos oculares asociados a determinadas palabras. El mejor terapeuta es aquel que puede acceder al sistema de representación de su paciente y allí implementar con mayor eficacia algunas de las terapias elegidas para el caso: modelos mentales, neurocoaching, ecología verbal o reprogramación, entre otras citadas.

UN PEQUEÑO PASO PARA EL HOMBRE, ¿UN GRAN PASO PARA LA PSICOLOGÍA?

Las ideas mencionadas tienen su anclaje, según los desarrolladores de la PNL, en la observación de múltiples terapias exitosas. En particular, destacan a los psicólogos Fritz Perls (de la terapia Gestalt y del awareness), Milton Erickson (hipnosis terapéutica) y Virginia Satir (de la terapia familiar clínica), todos estandartes de la Psicología Transformacional New Age

Los fundadores de la programación neurolingüística fueron un lingüista y un estudiante de maestría de matemática con intereses lingüísticos —y lucrativos— muy específicos (lástima que su sociedad se disolvió unos años más tarde, con un juicio de por medio sobre la propiedad intelectual de una serie de marcas registradas relacionadas con las técnicas “psicológicas” que descubrieron).

El primero de ellos, John Grinder, trabajó en el marco de la gramática generativa (la corriente teórica que tuvo a Noam Chomsky como su fundador, nada más ni nada menos) y ejerció la docencia en varias universidades de California. El segundo, Richard Bandler, fue uno de sus estudiantes. Obviamente, ambos dejaron de producir y renunciaron a sus cargos una vez que se dedicaron de lleno al negocio de la programación neurolingüística

Para 1970, el éxito rotundo de la PNL obedecía al boom del mercado de servicios psicológicos, que comenzaba a ser popular entre empresas multinacionales, universidades estatales e incluso el ejército de Estados Unidos. Actualmente, son variadas las disciplinas que han integrado técnicas de PNL: resaltan salud, psicología y, sobre todo, educación, disciplina que ha recibido más atención y que se encuentra integrada en institutos educativos del Reino Unido y Europa (Witkowski, 2011). 

El éxito de su expansión se basa en una especie de modelo de adaptación de las estafas piramidales (sí, tipo NuSkin, telar de la abundancia, entre otros) aplicadas al mundo del coaching y las terapias del yo. Al mismo tiempo que descubrir los cimientos que dan el soporte a las técnicas de PNL se vuelve cada día una tarea más oscura, surgen nuevas instituciones, gurúes e instructores que son formades y pronto pasan a ser formadores de nueves especialistas (pagos) en el arte de la PNL. De esta manera, las técnicas parecen ser internacionales, y hasta universales, probadas y recomendadas por un sinfín de clientes satisfeches con los resultados y llaman la atención de otres (sí, otres, porque Grinder y Bandler ya tenían lo suyo) empresaries, influencers y coachs que llevan a quien sea al éxito y a la riqueza.

Más allá de los intereses corporativos de la PNL, y el éxito de su infiltración aplicación en otras áreas de las ciencias humanas y médicas, ¿cómo se justifica la presencia de nociones como “lingüística” y “neurolingüística”? ¿Cuáles son las bases neurocientíficas o relacionadas a la teoría del lenguaje de la PNL? ¿Qué ideas o conceptos pueden tener relación con esta disciplina y en qué medida son acertados, tergiversados o directamente falseados?

ACERCA DE CÓMO ESTRUCTURAS SINTÁCTICAS (NO) PROMETE LA EXCELENCIA HUMANA

¿Es cierto que la gramática transformacional puede lograr que dejemos de fumar?

La vaguedad en la utilización de muchos conceptos de la PNL estuvo ligada desde un inicio a las pretensiones que sus creadores tuvieron al momento de formular este programa para el éxito. En una entrevista de 1996 John Grinder afirmaba que:

“[era] muy útil planificar esta campaña [de PNL] utilizando […] como guía el excelente trabajo de Thomas Kuhn (La estructura de las revoluciones científicas) en el que detalló algunas de las condiciones que históricamente han obtenido en el medio de cambios de paradigma. Por ejemplo, creo que fue muy útil que ninguno de nosotros estuviera calificado en el campo que buscamos primero: psicología y, en particular, su aplicación terapéutica; esta es una de las condiciones que Kuhn identificó en su estudio histórico de los cambios de paradigma

Imaginemos cómo sería un mundo en el que se formularan teorías científicas e hipótesis sin ningún tipo de especialización académica. Probablemente, diríamos cosas tales como que las antenas 5G son las causantes de la propagación del COVID-19. ¿Cómo? ¿Esa hipótesis existe de verdad? 

Fuente: @fabballarini.

¿Podría la PNL ser un cambio de paradigma en la psicología como lo fue la teoría de Einstein en la física? 

Respuesta corta: no. 

Respuesta larga: de acuerdo con Kuhn, los cambios de paradigmas ocurren en la historia cuando nueva evidencia no puede ser explicada por una teoría antigua y nos encontramos en un período de crisis. Dicho período puede ser atravesado por la comunidad científica, pero si no se logra superar dicha crisis ocurre una revolución científica y así hay un reemplazo completo, o en parte, de un paradigma (e.g., newtoniano) por otro (e.g., einsteniano) totalmente nuevo e incompatible. 

En un acto de extrapolación forzada, desde el campo de la psicología (campo que Kuhn nunca abordó), si quisiéramos abordar la depresión desde el paradigma A (tómese cualquier teoría anterior a la PNL), todos los conocimientos y metodologías utilizadas no se conservarían a partir de la aparición del paradigma B (en este caso, la PNL) ya que cambia totalmente la manera de concebir los fenómenos y la realidad, dado que ambos paradigmas son inconmensurables.

Lamentablemente para los acólitos de la PNL, la historia misma expone que ni Bandler ni Grinder estaban respondiendo a ningún tipo de crisis en ningún campo científico y no han contribuido a ningún cambio de paradigma, dado que los avances en neurología, psicología y lingüística de ninguna manera han tenido que ver con la PNL.

Evidentemente, no solo la falta de experiencia en la psicología tuvo sus consecuencias en la creación y desarrollo posterior de la PNL, sino también una lectura de Noam Chomsky sospechosamente similar (en cuanto a sus malas interpretaciones) a la de Thomas Kuhn.

La PNL parte de una metáfora computacional (créase o no, Alan Turing fue otra de las influencias) del cerebro y afirma que todos los cerebros son iguales pero están diferenciados por su programación que depende del lenguaje. Concretamente, el significado de lingüístico en su programa refiere al uso de lenguaje verbal y no verbal que codifica y estructura nuestras experiencias de manera simbólica. La clave está en que este lenguaje no sirve únicamente para comunicarse con otres sino para comunicarnos con nosotres mismes y programarnos (¡como la canción de Virus!).

De acuerdo con Bostic St Clair y Grinder (2001), la gramática transformacional de Chomsky (1965) se ha constituido como la influencia más penetrante de la PNL, especialmente los conceptos de estructura profunda y estructura superficial. Al respecto, “la gramática transformacional sugiere que la experiencia sensorial se transforma en entendimiento consciente a través del lenguaje y, con frecuencia, el lenguaje que usamos borra y distorsiona aspectos de la experiencia original” (Grimley 2010: 189). 

Dado que la PNL asume que el lenguaje es un modelo de nuestro mundo, la gramática transformacional se constituye como un modelo del modelo de nuestro mundo, esto es, un metamodelo. 

En primer lugar, uno de los puntos críticos acerca de la perspectiva lingüística de la PNL es el abandono del modelo reglar de la gramática generativa luego de 1980. Asimismo, existe una confusión teórica que deriva en consecuencias metodológicas producto de una interpretación errónea de la gramática transformacional. En primer lugar, esta teoría es un modelo de gramática y no un método terapéutico basado en reglas que transforman eventos externos al sujeto en entendimiento consciente.

En segundo lugar, una regla de reescritura y/o transformacional es un constructo teórico que proyecta estructuras sintácticas a partir de unidades léxicas. Si bien este tipo de reglas se constituyeron en un primerísimo momento de la teoría como una manera de explicar la creatividad del lenguaje, la PNL, tomando esto como punto de partida, asumió que dado que el lenguaje humano estructura nuestra experiencia y está conformado por reglas, dichas reglas podrían explicar la relación entre (a) mundo externo al sujeto, (b) lenguaje que utiliza para estructurar su experiencia y (c) entendimiento consciente a partir de reglas que actúan como un componente intermediario de (b) entre (a) y (c). 

Sacando de la escena a Noam Chomsky y la interpretación poco ortodoxa de su modelo reglar, sí existen dos influencias seminales para la PNL que son las teorías de Alfred Korzybski y Samuel Ichiye Hayakawa. Ambos lingüistas sostenían que el comportamiento y el pensamiento estaban determinados por el uso del lenguaje y, así, la modificación en el uso del lenguaje tenía como resultado cambios en el comportamiento del sujeto.

Y sí, tan lejos de Chomsky y tan cerca de Sapir y Whorf. Recordemos que, si bien los pobres Edward y Benjamin no son mencionados como influencias en la obra fundacional de la PNL, la conocida hipótesis de Sapir-Whorf afirmaba que el lenguaje daba forma al pensamiento y al comportamiento y que, por lo tanto, las distintas lenguas promovían distintas visiones del mundo.

La pregunta que surge es cómo estas influencias se aplican dentro de un marco terapéutico. En 1991, el doctor David Bourlan, inspirado en estas influencias lingüísticas, creó un método llamado E-Prime (English Prime) que consistía en quitar todas las cópulas de las oraciones (e.g., is/es, are/sos/somos/son, am/soy) para (agarrénse fuerte) promover un lenguaje más detallado. De esta forma, afirmaba que el discurso del sujeto se volvía más claro y preciso (sea lo que fuera que signifique eso).

Un ejemplo citado en Scorpio (2001) es el borrado de la cópula es en “Eric Clapton es Dios” y la posterior transformación de dicha frase en “El club de fans de Eric pronunció que Clapton tiene alguna de las características de Dios”. In-cre-í-ble. De esta forma, se suponía que el coach podía acceder a tu mundo interno de una manera mucho más clara. 

Lamentablemente, lo único que la PNL tiene de lingüístico es el nombre: Witkowski en 2011 reseñó más de cuatrocientos papers acerca de la PNL y mostró que solo el 9,5% de los estudios apoyaba las teorías y la efectividad de las técnicas de PNL, el 19% las apoyaba parcialmente y, finalmente, el 71,5% de los estudios las desacreditaba. Así, el autor afirmó que la PNL era inefectiva tanto como modelo que explica el comportamiento humano y la comunicación como así también como conjunto de técnicas de influencias y persuasión. En otro estudio, Passmore y Rowson (2019) revelan que la PNL ocupa la posición número 18 en las terapias más desacreditadas. 

Créase o no, otras pseudociencias como las terapias con delfines y la cristaloterapia parecen ser más respetadas que la PNL.

QUIERO QUE ME ESCUCHES Y TE ABRAS. LE ESTOY HABLANDO, HABLANDO, HABLANDO A TU REPRESENTACIÓN

¿Qué es una representación y cómo se puede acceder a una en esta economía? 

Una de las afirmaciones más interesantes de la PNL es que cada persona utiliza los sistemas sensoriales para crear su propio modelo de mundo. Ese modelo de mundo se crea a partir del procesamiento y organización de su experiencia que depende siempre de un sentido en particular (e.g., olfativo, visual, auditivo, gustativo y kinestésico) que el sujeto elige o valora más en detrimento de otros. Así, si decido crear mi modelo de mundo a partir de los ojos, el sentido visual se constituye de manera automática como mi sistema representacional primario. Las personas visuales utilizarían sus ojos para hacer contacto con el mundo y enfatizarían la visualización para la memoria, el aprendizaje y la toma de decisiones.

La PNL defiende la existencia de la primacía de un sistema representacional sobre otro tomando la teoría de William James en su libro Los principios de la psicología (1890). Esta teoría establece que “en algunos individuos, el ‘material del pensamiento’ […] es visual; en otros, auditivo, articulatorio o motor […]. Indudablemente, algunas personas no tienen imágenes visuales dignas de ese nombre, y en lugar de ver su mesa de desayuno [en su mente cuando se les pide que la describan], le dicen que la recuerdan o saben lo que hay en ella. Este conocimiento y recuerdo tiene lugar indudablemente por medio de imágenes verbales”. 

Si hay algo que parece indudable, más de cien años después, es que esa persona, por lo menos, podría estar padeciendo algún tipo de patología —y no, esto no tiene nada que ver con la magdalena de Proust

La pregunta que surge al respecto es cómo un coach es capaz de acceder a nuestro sistema representacional primario y, nuevamente, aparece la cuestión pseudolingüística relacionada con nuestra elección léxica. Observemos la siguiente imagen de un meme-paciente de Internet:

Probablemente, ante los ojos de un fan de los memes, esta imagen no tenga nada de novedoso ni especial pero, ante los ojos entrenados de un coach de PNL, es clave la elección de palabras utilizadas en esta oración y, especialmente, el verbo sensorial see (ver)

¿Por qué es tan importante la elección de este tipo de verbos como ver, escuchar, sentir para el sujeto? De acuerdo con la PNL, estos verbos permiten acceder a la modalidad sensorial del sujeto y, en consecuencia, al sistema representacional primario que una persona está utilizando para estructurar todas sus experiencias. En consecuencia, todas las actividades cognitivas del sujeto están en una modalidad determinada (visual, auditiva o kinestésica). Así, los terapistas sostienen que si acceden al sistema representacional primario de su paciente, pueden aplicar sus técnicas, conseguir mejores resultados y curarles. Recordemos que para la PNL el sujeto tiene un ordenamiento interno consistente y una estructuración de lo que percibe, piensa, siente y actúa y este ordenamiento y estructura pueden modelarse con ayuda de un coach

¿Cómo se modela esta estructura? Bueno, en realidad se modela el cerebro: en Argentina, una nueva técnica promete naves espaciales que salen de la atmósfera, se remontan a la estratósfera y de ahí eligen el lugar a donde quieren ir de manera tal que en una hora y media vamos desde Argentina a Japón. Disculpen. Nos confundimos de innovación tecnológica

Decíamos, en Argentina una nueva técnica de mapeo cerebral con electroencefalograma de cantidad (¿mala traducción de quantitative electroencephalography? ¡quién sabe!) permite evaluar la distribución de ondas cerebrales. Con poderosas técnicas de PNL, se trabaja sobre ese cerebro para que se parezca a un cerebro ideal construido con inteligencia artificial a partir del recabamiento de mapeos cerebrales de personas con coeficientes intelectuales y emocionales muy altos. 

¿Será entonces que lo que nos distancia de Stephen Hawking es una sesión de PNL con Melina Vicario

No obstante lo milagrosa que pueda sonar la PNL, parece relevante destacar un mínimo detalle: en ninguno de los textos ni páginas webs en las que se exponen los resultados extraordinarios de esta terapia se caracteriza el concepto de representación, representación sensorial o sistema representacional. Y, por supuesto, se han saltado un interesante paso en el proceso de la investigación científica: la evaluación empírica. Lo que sí abunda son múltiples estudios que afirman la ineficacia de las técnicas de la PNL en la salud y refutan sus afirmaciones principales.

¿Esto es ciencia cognitiva? ¿Me deja ver sus credenciales, por favor?

Dentro de la ciencia cognitiva y la filosofía de la ciencia cognitiva, el concepto de representación es sin dudas el más polémico y aquel que ha suscitado mayor debate en la literatura. Dado que la PNL es deudora de la perspectiva teórica chomskyana, las representaciones pueden definirse como un “un nivel de caracterización abstracta de las propiedades de ciertos mecanismos físicos hasta ahora casi enteramente desconocidos” (Chomsky 1980: 13).

Asimismo, de acuerdo con la filósofa Liza Skidelsky, “la noción (…) de representación alude a una caracterización abstracta, en el nivel de procesamiento computacional, de ciertos elementos de la mente/cerebro que portan información que es manipulada internamente por los mecanismos cognitivos” (2016: 195). Entonces, son las representaciones las que tienen contenido en cuanto a la información que llevan y esta información es interna, ya que solo es decodificada por otros subsistemas cognitivos.

En contraste, podemos inferir (dado que no está explicitado en ningún lado) cómo se aborda la cuestión representacional: la PNL asume que la representación interna de una persona es una suerte de material del pensamiento mediante el cual vemos la realidad de una determinada manera. Esta manera o modalidad (visual, auditiva o kinestésica) es ¿elegida? por el sujeto y es permeable a sus experiencias de vida. Cada uno de nuestros sentidos constituye un sistema representacional en sí mismo que puede estar más o menos afinado de acuerdo con nuestra propia voluntad. Este sistema representacional estaría conectado, de alguna manera, a un sistema (representacional) lingüístico que conecta, a su vez, el mundo interno del individuo con el mundo externo de manera tal que nuestro lenguaje determina cómo vemos las cosas (recuérdese las influencias lingüísticas de la PNL).

Algunas ramas de la lingüística (la de verdad) también usan el lenguaje para estudiar representaciones, pero se trata de una investigación bastante alejada del mundo terapéutico. El estudio de las representaciones discursivas supone un análisis sistemático NO del discurso de UN individuo, sino de un corpus de producción lingüística representativo de la sociedad o comunidad sobre la que se está trabajando. Estos estudios, por ejemplo, pueden llevarte a conocer más acerca de las representaciones discursivas sobre la identidad de género en historias de vida de personas trans de la Ciudad de Buenos Aires (te recomendamos que veas la entrevista del doctor Matías Soich, que lo explica para ReLiF). Sí, es de los doctores que no curan.

Volviendo a lo nuestro, llegamos a dos conclusiones. En primer lugar, la PNL, al no caracterizar sus conceptos ni clarificar su uso, realiza una maniobra poco honesta y utiliza nociones iguales a las de la ciencia, pero en una versión distorsionada.

En segundo lugar, la eficacia de la PNL se corrobora únicamente mediante testimonios personales y sin ningún tipo de evidencia. Ya en 1993, Juan Azcoaga advertía que la PNL no constituía —ni podía llegar a hacerlo— un capítulo en la historia de los aportes del método científico. Para 1996, Carl Sagan afirmaba que siempre que sea posible debe existir una confirmación independiente de los hechos. En 2020, todavía esperamos la confirmación independiente de las afirmaciones de la PNL.

Distorsionar lenguaje científico y no presentar evidencia. Típico de pseudociencia.

REZÁ DIEZ PADRENUESTROS Y REPETÍ CIEN VECES “VOY A SER EXITOSO”

La prosodia, la forma en que se pronuncian ciertos sonidos e incluso nuestro léxico pueden dar mucha información acerca de nosotres. Estas particularidades del habla de una persona nos permiten asociarla a ciertas variedades dialectales (su procedencia), cronolectales (su edad) o incluso sociolectales (su clase social). El idiolecto de una persona (es decir, la variedad específica que habla en función de su edad, lugar de procedencia, clase social, entre otros) da cuenta de fenómenos lingüísticos sociales y no individuales (te recomendamos Manhunt: UNABOMBER para ver el potencial que esto puede llegar a tener científicamente). Pero nada nos dice —ni nos puede decir— acerca de lo que las personas sienten o piensan.

Es posible que sea una fantasía universal contar con el poder de ser capaz de ver más allá del sentido literal de las palabras que dicen las personas. A ver, vamos: nuestra vida cotidiana no está exenta de momentos en los que podemos llegar a inferir estados de ánimos de nuestros seres querides. Les conocemos y en elles observamos que quizás haya palabras que por alguna razón deciden no usar u otro tipo de expresiones o emociones que ocultan, ensalzan o a las que le quitan peso mientras se comunican.

Incluso hasta lo no verbal parece jugar un rol importante en esta suerte de detectivismo emocional que hacemos con familiares y amigues: una voz ronca o resquebrajada, un habla acelerada o un movimiento de manos más veloz de lo usual pueden entenderse como indicios de determinados humores y situaciones personales particulares. Este afán sabueso muchas veces excede el ámbito familiar y se convierte en competencia de escrutinio público: ¿después de cuántos debates políticos se analizan las reacciones y los discursos de candidates a presidente, por ejemplo, incluso con la participación de especialistas en comunicación, periodistas y psicólogues y se interpretan las cosas que se quisieron decir versus las que se dijeron

Quien no haya opinado sobre el escándalo Lopilato-Bublé que tire la primera piedra. 

Cualquier propuesta que se construya sobre la base de otorgar herramientas para ver más allá de lo superficial ciertamente es atrayente, porque nos otorgaría una capacidad especial para detectar la mentira o la omisión, sea voluntaria o no. La programación neurolingüística no está libre de culpa y cargo en el usufructo de este atractivo. Algunas de sus asunciones se asientan sobre el hecho de pensar al lenguaje como una medida, no solo de terapia, sino sobre todo de mal diagnóstico (aquí, por el contrario, un buen ejemplo de asistencia en diagnóstico a través de discurso), o sea una herramienta poderosísima de descubrimiento de la mente humana, con instrucciones y pasos a seguir muy claros.

Sobre la base de la gramática transformacional de Chomsky (1965), la PNL plantea que nuestras palabras, nuestras expresiones, pueden constituir en principio una manifestación directa de la estructura profunda o –y aquí lo interesante– solamente una revelación de carácter superficial, que le deja al terapeuta la posibilidad de comenzar a indagar sobre la razón que justifica la pronunciación de esta expresión superficial, que en realidad es la máscara de algo que no es la realidad. 

Esta estructura superficial es la que permite “seguir haciendo preguntas” para finalmente “hacerla [a la estructura superficial] tambalear y mostrar la profundidad de lo que está oculto”. Así nos comentó une de nuestres entrevistades, estudiante de Psicología, que realizó cursos de PNL. Este procedimiento se basa en un acercamiento trivial a la gramática y los significados de las palabras de la lengua particular en la que se está realizando el análisis: los contrastes entre lo transitorio del verbo estar y la permanencia del verbo ser —entonces, la diferencia entre estoy y soy casade—, el uso de ciertos marcadores discursivos como obviamente o algunos pronombres totalizadores como nadie, nada o todos son nombrados como ejemplos de realizaciones de una estructura superficial, ya que funcionarían como indicios de una verdad oculta: ¿por qué una afirmación sería obvia o por qué alguien diría que nadie asistió a determinado lugar para implicar que fueron pocas personas? 

Asimismo, el lenguaje no verbal es tan importante como el discurso en sí mismo. En primer lugar, funciona como un externalizador de la estructura mental del individuo. En segundo lugar, y mediante el contraste con los enunciados verbales, permite dar cuenta del nivel de acompasamiento, esto es, de correspondencia, entre lo dicho y lo transmitido. 

Más allá de las inconsistencias conceptuales ya mostradas en párrafos anteriores, de la endeblez teórica de analogar esta herramienta descriptiva a la expresión de las emociones, y de la falta de sustento en una conexión tan lineal entre lo verbal y lo no verbal, la atención sobre el lenguaje en la PNL es además considerada una herramienta imprescindible en la asignación de los sistemas de representación predominantes de cada persona. Y nuevamente esto no está libre de problemas. 

Sorprende –y al mismo tiempo no tanto– que esta idea tenga mucho en común con la de inteligencias múltiples de Howard Gardner, la cual ha tenido una recepción favorable dentro del ámbito de la política educativa y parte del ámbito educativo. No obstante, bajo los mismos argumentos con los que se critica a la PNL, ha sido blanco de críticas desde la propia psicología.

Gardner, en Estructuras de la mente, publicado por primera vez en 1983, reconoce que su idea no es novedosa sino que puede “reclamar originalidad por tratar de revivirla” (1993: 40) Aquí se postula que, al contrario de hablar de un único índice de coeficiente intelectual, existe un conjunto diferenciado de tipos de inteligencia que se vinculan con distintas capacidades y talentos de los individuos. Entre ellas, actualmente más variadas y creativas que las de la PNL, se encuentra la inteligencia visual, auditiva y kinestésica, en los exactos mismos términos en los que se encuentran bajo el marco de la PNL. 

Para Gardner “debiera ser posible identificar el perfil (o inclinaciones) intelectual de un individuo a una edad temprana y luego utilizar este conocimiento para mejorar sus oportunidades (…) y canalizar a individuos con talentos poco comunes hacia programas especiales” [cursivas nuestras] (1993: 38-39). Nos preguntamos cuántos casos de “diagnóstico” de niñes índigo habrán tenido que ver con esto (sí, esta es otra creencia pseudocientífica new age).

Esta idea, seguramente uno de los primeros y más arraigados neuromitos (Howard-Jones 2014), no es ajena al ámbito educativo y puede resultarles útil a muches docentes. No obstante, la teoría de las inteligencias múltiples ha recibido críticas por la sobreestimación de procesos específicos por sobre otros generales, que han tenido repetidos testeos verificados, como la velocidad de procesamiento y la memoria de trabajo (justamente conceptos conocidos y sostenidos por cualquier psico o neurolingüista experimental). 

De la misma manera, algunos relevamientos aplicados hacia los estudios que justifican científicamente la PNL han concluido que la falta de evidencia es sugerente y que las pruebas que se llevan a cabo carecen de validez científica. Muchas son realizadas, por ejemplo, sin grupos de control, dando por supuesto hipótesis no probadas, o con una conjunción de distintas técnicas aplicadas al mismo tiempo. Sumado a estos descuidos metodológicos, las investigaciones no son nunca revisadas por pares. Es destacable que los estudios sobre inteligencias múltiples han corrido una suerte similar desde el ámbito de la enseñanza. 

Sin embargo, el diálogo silente entre estos pequeños puntos en común puestos deliberadamente por los fundadores de este movimiento, que se encuentran entre teorías como la de las inteligencias múltiples, algunas terapias alternativas hipnóticas o de self-awareness, y el name-dropping lingüístico, justamente funcionan para dar una ilusión de acreditación y de aval científico que no se condice con la realidad

Quizás algo más conocido que la lengua como herramienta de diagnóstico sea el lenguaje como terapia: la relación entre el discurso y la incidencia del pensamiento negativo y positivo sobre cualquier persona. En principio, el encanto de esta afirmación se asienta sobre la idea del tiempo como recurso finito: para alcanzar una mejor versión personal de une misme, la energía no debería estar concentrada en lo negativo en absoluto sino en lo positivo. ¿Para qué malgastarlo?

La PNL hace hincapié en la responsabilidad del sujeto y su lenguaje para el pensamiento ya que “tu inconsciente no puede procesar los negativos. Interpreta todo lo que pienses como un pensamiento positivo. Entonces, si pensás ‘no quiero ser pobre’, tu mente consciente se focaliza en el ‘pobre’ y, dado que no procesa negativos, el pensamiento se convierte en ‘quiero ser pobre’. Ser pobre entonces se transforma en el objetivo de tu mente inconsciente” (Ready y Burton 2004). La mente inconsciente (sí, la de Freud) influye de manera constante en el pensamiento consciente y la acción.

En Argentina, actualmente, Melina Vicario, autodenominada bio-hacker, señala cómo el lenguaje actúa sobre el cerebro afirmando que puede detectar qué hace mal una persona en su cabeza (¡literal!) a partir de los movimientos corporales y oculares y la elección de palabras. Asimismo, indica en una suerte de versión no tan renovada a la de Bourland y Johnston (1991) que “las personas que están tristes o ansiosas usan todos sus pensamientos de una manera muy poderosa… pero para estar mal. De hecho, ellos tejen redes muy buenas para hacerlo: crean imágenes enormes en su cabeza, se repiten frases negativas y son ingeniosos”.

Como hemos indicado, dado que la PNL asume que todos los cerebros son iguales y que únicamente difieren en cuanto a su programación ligada estrechamente al lenguaje, lo que se debe cambiar es nuestro discurso lingüístico y, así, modificar nuestro cerebro. 

Otros cambios positivos podrían darse a través del cambio consciente sobre el discurso, como mencionamos anteriormente en el abandono de ciertas expresiones permanentes o totalizadoras (o en el ejemplo de Eric Clapton, las cópulas y Dios; si te lo perdiste, está acá). En este sentido, es evidente que no existe nada de malicioso en optar por cambiar el vocabulario de une misme en detrimento de otras palabras que son positivas per se. Incurrir en algún tipo de valoración sobre esta alternativa sería policiar la lengua de les hablantes, tanto como otras instituciones lo hacen en nombre de un bien común panhispánico hace cientos de años. Pero a menudo estas posturas new age se anclan débilmente en el funcionamiento del cerebro en sí y la biología del cuerpo humano. Así, se afirma que, a través de la generación de nuevas redes neuronales eficaces, la repetición de ciertos patrones y el enfoque de energía de una manera positiva o confiante une podría generar cambios biológicos que hayan sido influenciados por el pensamiento”, como nos dijo une de nuestres entrevistades. 

Sí, cambios biológicos

Fuente: @cuervotinelli

Si bien es conocida la cualidad de la plasticidad del cerebro en los estudios de la mente, no se ha reportado evidencia acerca del redireccionamiento de energía o que el abandono de ciertas palabras nuevas tabú pueda traer aparejado un cambio tan profundo como neuronal. Asimismo, de estas ideas se pregona un poder extenso y casi milagroso: las técnicas de PNL aparecen relacionadas a la cura del cáncer y el coronavirus (no se nos viene a la cabeza ningún conductor de programa de C5N que se hizo famoso por participar en Odol Pregunta, para nada). 

Los peligros mortales de mezclar enfermedades letales con terapias presuntamente científicas son más que evidentes.

HIDROXICLOROQUINA PARA SACAR TUS VIRUS MENTALES

Ya te adelantamos que la PNL podía terminar con esta locura del COVIDA-20, perdón COVID-19, curar el cáncer y garantizarte llegar a ser une genie, ahora vamos a explicarte cómo. Para esto, la PNL se pone a la cabeza de la lucha contra los “virus mentales”. Para esta pseudociencia, mientras las computadoras están programadas para elegir la mejor opción de respuesta utilizando criterios estadísticos, las personas estaríamos programadas para elegir la mejor respuesta siguiendo nuestro instinto de supervivencia o éxito (que aparentemente son lo mismo). Sin embargo, esto no siempre funciona así porque, al igual que con las computadoras, “nuestros sistemas nerviosos son perfectamente susceptibles de ser infectados y dañados por los virus mentales” (Dilts 2003: 230). Entonces, si bien habría redes mentales que deberían activarse para garantizar nuestro éxito/supervivencia, muchas veces se ven bloqueadas por estos virus. 

Concretamente, para la PNL un virus mental es “una creencia o un pensamiento concreto susceptible de generar confusión o conflicto” (Dilts 2003: 231). Estos virus serían instalados en nuestra cabeza por personas que respetamos (madres, padres, tutores, docentes, médiques o instituciones) cuando realizan afirmaciones o nos presentan estímulos (no necesariamente verbales) a los que damos valor y sentimos la necesidad de honrar. Estas instalaciones podrían producirse muy tempranamente, algunos sostienen que entre el nacimiento y los 7 años, otros que hasta los 12, hay quienes sostienen que pueden ser incluso prenatales (producto de los pensamientos y sentimientos de la persona gestante), pero también podrían instalarse en la adultez (Dilts 2003). Nada muy específico. Para variar.

Los virus mentales podrían tener consecuencias tanto a nivel neuronal como en la vida cotidiana de las personas. Los bloqueos podrían inhabilitar el uso de las redes neuronales “correctas”, llegando incluso a generar su desaparición por falta de uso. Además, estos virus mentales, que aparentemente se hacen más fuertes cuando la persona que los instaló se muere (R.I.P.), de acuerdo con Weissman (2007), pueden ser de cuatro tipos: (i) detonantes (trigger thoughts viruses), cuando se asocia una experiencia pasada desagradable con algún estímulo y cuando este se nos presenta no podemos abstraernos de esos sentimientos; (ii) limitantes, que nos hacen pensar que nuestras posibilidades de éxito tienen límites; (iii) asesinos; y finalmente (iv) virus géminis. Todos estos virus mentales podrían desde generar problemas para manejar la economía personal, hacernos obeses e incluso producirnos cáncer. Sin embargo, recordemos que con nuestros pensamientos podemos programar nuestros genes y ser más sanes. Una vez identificados esos virus mentales a partir del trabajo con une profesional de la PNL, podemos “reprogramarnos”

¿Cómo? Varía. 

Desde terapias de hipnosis y 21 noches de susurrarles a niñes con “problemas” por 20 minutos (una vez que ingresaron en el ciclo REM de sueño, obvio) que “tienen que hacer la tarea y limpiar su cuarto”, hasta viajes mentales al pasado reconstruyendo la escena donde se generó el virus mental para reemplazarlo por algo más copado. 

Rogá que tu virus mental no se haya generado durante el parto, porque reconstruir esa escena para reemplazarla por otra más copada por ahí es difícil. Bah, con el nivel de violencia obstétrica que hay en este mundo, tal vez no sea tan complicado. 

PARÉNTESIS: ¿SER EXITOSE ES VERDADERAMENTE UN ÉXITO? 

Si los “virus mentales” obstaculizan nuestra carrera al éxito, es válido preguntarnos qué significa el éxito, o al menos, qué significa el éxito para la PNL. Ser “tu mejor versión” es algo lo suficientemente abstracto para que todes podamos completar lo que mejor nos parezca ¿no? 

Sí, pero hasta ahí. Basta con leer a qué apuntan las terapias que propone la PNL para empezar a ver que esto no es tan libre albedrío como podríamos pensar. Cuando googleamos, por ejemplo, ‘PNL y alimentación’, las primeras notas ya nos marcan una dirección: “10 maneras de utilizar la PNL para adelgazar” o “Cómo perder peso con PNL” o “¿Por qué engordamos? Y las grandes mentiras sobre la alimentación”. Si vemos el teleseminario de PNL (acá uno en dos partes sobre los virus mentales I y II) o si simplemente vemos a sus gurús, descubrimos que ser pobre es, en oposición a tener dinero, un fracaso. Así, podemos ver como para la PNL el éxito se vincula con la delgadez (hablemos de gordo odio que en tiempos de cuarentena también corre) y el dinero. 

Houston, tenemos un problema. O, mejor dicho, dos. 

El primero se vincula con los valores que la PNL equipara a “éxito”. Podríamos pensar que se trata de valores sociales generales y que la PNL simplemente ayudaría a alcanzar lo que la sociedad impone (obviemos la incapacidad para ser mínimamente críticos con una sociedad que tiene tantas cosas para “mejorar”). Pero, como no podía ser de otra manera, la PNL va un poquito más allá. Al asociar estos valores con nuestro “instinto de supervivencia”, como lo hace en sus videos uno de sus gurús, Enrique Espino Maraví, los muestra como universales y ancestrales. Entonces, además de no ser crítica en sí, oculta el hecho de que se trata de concepciones culturales y sociales históricamente construidas.

El segundo problema es que, si pudiéramos hacer modificaciones trabajando sobre los mapas mentales de las personas, todo quedaría en sus manos (o, incluso, peor que en sus manos, porque ya ni siquiera habría una materialidad limitante). 

¿Suena a meritocracia? Sí, bastante: desconoce no solo las diferencias individuales, sino también las diferencias estructurales

Volviendo a lo que nos compete, ¿qué de todo esto tiene asiento en la realidad desde los estudios en psicolingüística? Para empezar, ningún estudio en psicolingüística ni en neurolingüística jamás va a decirte que puede ayudarte con un tumor, tampoco puede hacer nada con esa alergia molesta que se te dispara todos los septiembres y menos que menos puede darte consejos de economía doméstica (estudiamos Letras, claramente no es algo en lo que estemos muy capacitades). Para eso, mejor, alguien que estudió Medicina, Contabilidad u otra cosa (ni siquiera sabemos quién podría ayudarte con las finanzas). Ahora bien, desde la psicolingüística, los estudios que se han abocado al desarrollo del lenguaje hablan de períodos sensibles para el desarrollo o adquisición (depende de la teoría desde la que estemos trabajando) de ciertas habilidades. Más allá de que también existen períodos sensibles para el desarrollo de habilidades motrices, aritméticas y demás, a la psicolingüística le importan aquellas vinculadas con el lenguaje, que además no son pocas. 

Para comprender y hablar una lengua debemos reconocer sus sonidos y distinguirlos de sonidos no lingüísticos. Muchos estudios parecen indicar que, a partir de estímulos intrauterinos, los embriones ya empiezan a volverse sensibles a los sonidos de la o las lenguas que se hablan en su entorno (si esto te interesa, acá hay un paper de Frontiers in Psychology). A los pocos meses de haber nacido, les bebés pueden reconocer los fonemas de su lengua, es decir, los sonidos que distinguen significado en su lengua y que son distintos de los sonidos que distinguen significado en otra lengua (ahora entendés por qué tantos chistes con hablantes de chinos confundiendo la r con la l; si te interesa el tema podés chusmear esta charla TED). Durante estos períodos sensibles —que también son difusos, pero un poquito menos— si les niñes no reciben una estimulación adecuada es factible que no puedan desarrollar sus habilidades lingüísticas de forma completa (sobran en la historia ejemplos de niñes salvajes o, más terrible aún, de niñes sometides y aislades por su propia familia y después obviamente explotades por la comunidad científica de turno). 

¿Y se puede reprogramar esto? Obviando el hecho de que no somos computadoras y no te pueden reprogramar, se puede educar. Sí. Se puede mejorar, mucho, pero el hecho de que sean períodos sensibles significa que pasado ese tiempo esto va a requerir de esfuerzo y trabajo consciente por parte del aprendiz e incluso algunas habilidades no podrán desarrollarse a nivel de experto (acá una explicación muy clara de Sebastián Lipina en términos del vínculo entre pobreza, desarrollo y cerebro). ¿Y desaparecen las conexiones que no uso porque no tuve estímulos durante ese período? Todo lo que se sabe hasta ahora es que no. No desaparecen, pero si comparamos la activación cerebral de une matemátique con la de una persona no-matemática cuando les presentamos estímulos numéricos, las zonas de activación no serán las mismas (acá hay un buen recorrido sobre este ejemplo). Aunque falta establecer la dirección de las causalidades (si sos crack en matemáticas porque tu cerebro ya vino seteado así o si se te acomodó el cerebro de tanto hacer matemáticas), todo parecería indicar que las neuronas simplemente se especializan en una u otra tarea —hasta tal punto que, aunque cueste creerlo, se encontró la neurona Jennifer Aniston

Conclusión: no se te van a morir neuronas porque no te enseñaron inglés desde los dos años. Sí, te va a costar más aprender la lengua si la empezaste a estudiar a los 12. Sí, es muy poco probable que suenes como un hablante nativo de inglés, pero igual si estudiás vas a aprender. No, nada de todo esto se puede resolver en 20 minutos, ni con susurros entre sueños. 

Pero ante todas estas noticias, ¿qué podemos hacer les lingüistas? 

Los conocimientos en lingüística pueden usarse en educación para, por ejemplo, pensar qué métodos de enseñanza son mejores para la enseñanza de una segunda lengua (L2) o para el aprendizaje de la lectoescritura (spoiler alert: método fonológico siempre).

Pero fuera del ámbito de la educación, en el ámbito de la salud, en el que la PNL dice tener tanto para aportar, ¿en qué lugar quedamos les lingüistas? 

En Argentina, les lingüistas carecemos de matrícula y, por ende, aun teniendo y acreditando un nivel de experticia en lenguaje —con todas las credenciales académicas que lo avalan— no podemos, por ejemplo, diagnosticar a une niñe con dislexia o trastorno específico del lenguaje. Tampoco podemos, por nuestra cuenta, llevar a cabo un tratamiento de rehabilitación a un paciente con afasia. Sin embargo, existe un área de la lingüística denominada precisamente lingüística clínica (el concepto fue acuñado por David Crystal en 1981) y acá viene precisamente lo interesante: aun reconociendo la existencia de la lingüística clínica, más allá del mayor o menor grado de desarrollo que el área pueda tener en cada país, la tarea de les lingüistas no consiste en diagnosticar ni rehabilitar. Volvemos a insistir: les lingüistas no curamos, sino que, a lo sumo, podemos describir los perfiles lingüísticos de personas con trastornos del lenguaje —adquiridos o del desarrollo— e intervenir en el diseño (y/o adaptación y validación) de instrumentos de evaluación e intervención

En este sentido, la lingüística clínica se nutre de los aportes de la lingüística teórica, y la propuesta es que les lingüistas integren equipos de los que también forman parte neuropsicólogues, neurólogues, neuropediatras, fonoaudiólogues, psicólogues, entre otres profesionales. En Argentina, la actuación de les lingüistas en el ámbito clínico se restringe en gran medida —aunque no es poca cosa— a la participación en equipos interdisciplinarios de investigación cuya finalidad es la producción de conocimiento acerca de las alteraciones del lenguaje en diversas poblaciones de pacientes. Así, en nuestro país se desarrollan trabajos de investigación sobre trastornos del lenguaje tanto en niñes (dislexia, TEL, entre otros) como en adultes con diferentes patologías (afasia, traumatismo encéfalo-craneano, lesionados del hemisferio derecho, esquizofrenia, epilepsia, Parkinson, demencias, entre otras). 

DECIME HACIA DÓNDE MIRÁS ¿Y TE DIRÉ CÓMO SOS?

De acuerdo con Bandler y Grindler (1979), se podrían identificar los sistemas de representación mediante la observación de los movimientos oculares. El lugar hacia el que se dirigen los ojos mientras hablamos sería un indicador del sistema de representación subyacente al que estaríamos accediendo. A estos indicadores se los denomina claves de acceso oculares: mirar hacia arriba, el centro o abajo daría cuenta del uso del sistema visual, auditivo o kinestésico, respectivamente. 

La naranja mecánica 

Yendo un poco más allá, les seguidores de la PNL han planteado que la observación de determinados movimientos de los ojos permitiría detectar mentiras. Seguro están pensando en esta famosa serie televisiva, ¿no es cierto? Mirar hacia arriba a la izquierda daría cuenta de que se está visualizando o accediendo a información almacenada en la memoria y, por ende, diciendo la verdad; en cambio, mirar a la derecha daría cuenta de la construcción de eventos falsos mientras se habla y esto delataría una mentira. Tal como ocurre con las afirmaciones de la PNL, prácticamente no se ha testeado la validez de estas afirmaciones. Una excepción estaría dada por una serie de experimentos (Wiseman et al. 2012) llevados a cabo con un diseño de grupo control y grupo experimental que… ¡adivinen! no encontraron evidencia a favor de este supuesto.

Fuente: O’Connor, J., & Seymour, J. (1995). Introducción a la programación neurolingüística. Ediciones Urano.

Sin embargo, la creencia de que podríamos detectar mentiras mediante la mirada está muy extendida en la cultura popular; pruebas de ello son una cantidad de series policiales en las que observamos interrogatorios a sospechosos y presunciones de detectives que se basan en el establecimiento de vínculos entre el comportamiento no verbal y el engaño e, incluso, el hecho de que una búsqueda rápida en Google arroje en español más de dos millones de resultados. Aunque la realidad, como se suele decir, supera la ficción, no dejamos de sorprendernos al descubrir que en manuales policiales y en procedimientos de capacitación empleados en contextos forenses se recurre a la detección de la mentira a partir de estos supuestos (Spiroiu 2018). Esto no quita que no existan ciertos patrones de comportamiento no verbal en las personas mentirosas. Un estudio mostró, en efecto, un patrón diferencial en los movimientos oculares durante una tarea de reconocimiento de rostros: frente a un rostro familiar o conocido, el patrón de fijaciones visuales difería respecto del que tenía lugar cuando un rostro se veía por primera vez, independientemente de si el participante decía la verdad o mentía sobre su familiaridad respecto del rostro que se le presentaba (Millen et al. 2016). 

¿Cómo se registraron los movimientos oculares en el estudio anterior? Acá viene lo interesante: no alcanza con la mera observación directa, como propone la PNL, sino que se utilizó un equipo de seguimiento ocular llamado eye tracker. Un eye tracker permite registrar con bastante precisión las posiciones de los ojos, mediante una cámara infrarroja, mientras se realiza una tarea cognitiva o simplemente se miran estímulos visuales en la pantalla de una computadora. 

¿Tecnológico? Sí.

Pero el futuro llegó hace rato. En los años 60, Alfred Yarbus había utilizado un dispositivo de seguimiento ocular un poco más rudimentario que le permitió mostrar que, ante un mismo objeto visual complejo —una pintura de Ilya Rapin, titulada The unexpected visitor—, las fijaciones visuales diferían en función del tipo de tarea cognitiva que se debía resolver. Hoy los dispositivos de eye tracking se utilizan no solo en ámbitos tan disímiles como el diagnóstico neuro-oftalmológico o el marketing y la publicidad, sino también en la investigación en el área de la Lingüística (en Argentina, podemos mencionar, por ejemplo, los trabajos de Fernández et al. 2013, Gattei et al. 2017, Nicenboim et al. 2014, Sevilla et al. 2014, entre otros).

El registro de los movimientos oculares es, en efecto, uno de los paradigmas experimentales que se utiliza en la psicolingüística para estudiar procesos implicados en la comprensión del lenguaje y, específicamente, para medir tiempos de lectura. Así como no decodificamos letra por letra —a menos que seamos personas en pleno proceso de alfabetización o adultes con alguna alteración específica en la lectura—, la técnica de movimientos oculares nos muestra que tampoco leemos absolutamente todas las palabras que componen un texto. Al leer un texto, las palabras funcionales (e.g., artículos) no suelen ser objeto de fijación visual. Y, aunque parezca contraintuitivo, los ojos no se mueven de modo lineal y continuo de izquierda a derecha, sino que se producen movimientos de regresión durante la lectura

Leelo en voz alta. Ahora volvé a leerlo palabra por palabra. Fuente: Diario del Dreigoz

¿Sorprendides? Vean este video que promociona un equipo de eye tracking y nos muestra los movimientos oculares que tienen lugar durante la lectura de un texto por parte de una niña, primero en sueco (L1) y luego inglés (L2). ¿Parece increíble, no es cierto? 

Tan increíbles pueden resultar estos hallazgos al público no especializade como sorprenderle a une lingüista el uso del sintagma movimientos oculares en las propuestas de una disciplina que se arroga lo neurolingüístico como uno de sus atributos. En 1993, Juan Azcoaga, pionero de la neuropsicología latinoamericana, ya advertía sobre la expansión de la PNL: “la Neurolingüística es ajena e inocente del empleo que se hace de ella como adjetivo. La Neurolingüística es una entidad. No es un atributo de imaginarias (pero rentables) manipulaciones de incautos” (Azcoaga 1993).

NEURO ¿QUÉ?

Es importante, finalmente, establecer una diferencia entre los efectos de una propuesta y las evidencias en que esta se apoya. Que la PNL no se apoye en suposiciones empíricamente fundadas no significa que sus propuestas o técnicas no funcionen. No todo lo que carece de evidencia empírica necesariamente es malo. Lo que es irrefutable es el hecho de que los supuestos en que se basa la PNL no han sido validados, y es precisamente en este punto que la PNL se distancia de la ciencia en general y de la lingüística en particular.

Veamos un ejemplo: una propuesta para la enseñanza de la ortografía basada en la PNL se presenta como un atractivo programa de mejoramiento dirigido a docentes, cuya misión “será enseñar al alumnado auditivo, visual creativo y cinestésico a ‘ver’ las letras de las palabras en su mente” (Gabarró 2011). 

Otra vez, presuntos estilos de aprendizaje.

Además, desde el título se promete que, con la implementación de la propuesta, es posible lograr hasta una reducción del 80% de los errores ortográficos de les estudiantes. Como no podía ser de otra manera, la propuesta no cuenta con un diseño experimental riguroso. Tanto los supuestos de base como los porcentajes de efectividad de la implementación del programa se apoyan en la experiencia personal y en las opiniones del autor. Haciendo los cambios necesarios, volvemos a las bases de la PNL: si una estrategia funciona en el ámbito A, entonces necesariamente funcionará en el ámbito B (por ejemplo, el educativo). Así, copiar las estrategias empleadas en una situación particular de enseñanza-aprendizaje aseguraría el éxito.

Una vez más: que esta propuesta no cuente con un diseño experimental riguroso no necesariamente implica que no funcione. ¿Cuántas decisiones, en efecto, tomamos les docentes en el aula a partir de nuestra propia experiencia y nuestras propias intuiciones o creencias pedagógicas? 

Seguramente muchas, pero no es lo que aquí discutimos. 

Discutimos, por el contrario, el disfraz científico de este tipo de propuestas. La lingüística —y la ciencia— no opera de esta manera. Por eso, nos preguntamos: ¿en qué modelos o supuestos se apoya esta propuesta para la enseñanza y eventual mejoramiento de la ortografía? ¿Hay evidencia empírica a favor de tales supuestos? ¿Con qué clase de constructos o pruebas se evalúa la efectividad de la propuesta? ¿Cómo podemos asegurarnos de que la mejora en las habilidades ortográficas de les estudiantes se deba a esta propuesta y no a otros factores o variables no controlados? ¿Se podría replicar esta experiencia? 

Fuente: yodoctor.es y maldita.es

De manera análoga a las fake news, este tipo de propuestas requiere de una aproximación crítica. Es más fácil dudar cuando se cuenta con la formación y las herramientas necesarias para hacerlo; sin embargo, es cierto que a la comunidad no experta le cuesta aún más diferenciar entre lo que es ciencia y lo que es especulación (Bruer 2008). Es por eso que en registro coloquial (y no por eso menos riguroso) hemos querido caracterizar de manera correcta los términos propios de la PNL, relevar sus influencias literarias y explicar de qué manera las técnicas utilizadas presentan una serie de problemas tanto en la teoría como en la práctica.

En el contexto del auge de lo “neuro” en los últimos años, los supuestos de la programación neurolingüística integran el cúmulo de neuromitos que circulan y se multiplican con una tasa de propagación alarmante. Si un neuromito es una creencia difundida pero errónea que se construye cuando un dato empírico de las neurociencias es mal interpretado y extrapolado a otro ámbito, por ejemplo la educación (Howard-Jones 2014), entonces estamos ante un enorme desafío: la comunicación pública y la divulgación de la ciencia y, específicamente, de la lingüística

Desde la Red de Lingüistas en Formación, creemos estar dando un paso en ese sentido. 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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