PROGRAMACIÓN NEUROLINGÜÍSTICA: ESTOY EN EVIDENCIA, ENGAÑAR TIENE SU CIENCIA – PARTE 1

TXT   Nicolás Arellano (CONICET/ReLiF), Ángeles Chimenti (CONICET/ReLiF),  Laura Ramírez (CONICET/ReLiF) y María Florencia Silva (UBA/ReLiF)
IMG   Victor Caballero

Si queremos hacer un recuento de nuestra vida digital como lingüistas, los resultados de búsqueda en Google pueden resultar muy elocuentes: estos dan cuenta de la cantidad disponible de información en línea, los últimos análisis periodísticos sobre variación lingüística, la frecuencia de uso y qué es tendencia diariamente en la sociedad. 

Muches de nosotres comenzamos a interiorizarnos en la lingüística, y ante la duda (o la curiosidad), googleamos reiterativamente varios conceptos, nos suscribimos a distintas páginas, las guardamos en favoritos y nos llenamos de temas para charlar con nuestres colegas y amigues (hasta que un día terminamos formando una red de lingüistas). 

En los últimos años, y cada vez con más frecuencia, aparece un concepto sobre el que nunca escuchamos en la universidad: Programación Neurolingüística (PNL en español —NPL en inglés y, ojo, no te la confundas con natural language processing—). Bueno, suena interesante, ¿no? Por un lado, a muches nos parece atractiva la noción de programación: para algunas líneas de investigación, la metáfora computacional es acertada para dar cuenta del funcionamiento del lenguaje. Por el otro, y con el auge de las neurociencias, es bueno saber que les lingüistas trabajan cada vez más a la par con especialistas en este campo que se ha desarrollado mucho en los últimos años.

En tiempos de pandemia, los cursos, notas y especialistas en programación neurolingüística comienzan a abundar: aparecen en programas de extensión universitarios, se cuelan en notas de color de revistas, salen en columnas de radio, se comparten por Whatsapp y en grupos de Facebook, se recomiendan en salas de espera de hospitales y consultorios psicológicos, se pagan fortunas por capacitación, se arman congresos y hasta quizás alguno incluye la PNL en su abstract o la desliza en alguna ponencia. 

¿Qué tiene que ver con la lingüística? ¿Por qué, dado el anterior panorama, une lingüista no es tendencia en absoluto? ¿Qué es y qué hace la PNL? ¿Es una ciencia o una pseudociencia? ¿Dónde y cuándo surge? ¿Utiliza conceptos lingüísticos? ¿Qué es lo que lleva a que una búsqueda en Google de “investigación en programación neurolingüística” tenga casi siete veces más resultados que “investigación en neurolingüística” (y por qué creemos que es necesario revertir esta disparidad)?

RADIOGRAFÍA DE UN PROGRAMA PARA EL ÉXITO

La PNL, de acuerdo con los especialistas Joseph O’Connor y John Seymour, es “el arte y la ciencia de la experiencia, derivada del estudio de cómo las personas exitosas en distintos campos obtienen sus resultados excepcionales. (…) [Puede ser aprendida] por cualquiera para mejorar su efectividad tanto personal como profesionalmente” (1995: xii). 

¿Era Carl Sagan el que decía en Cosmos que las afirmaciones extraordinarias requieren de evidencia extraordinaria? 

Bueno, la cosa es así. Si une intenta buscar en Google qué es específicamente la PNL, resulta muy difícil encontrar una definición sobria y poco pomposa. Sin embargo, hay dos constantes que siempre aparecen: la oscuridad en la utilización de nociones asociadas a las ciencias cognitivas y a la lingüística, y el carácter práctico y, sobre todo anecdótico, del éxito de la disciplina. Aparentemente, la PNL se trata de una terapia tan efectiva que puede estar ajena a todos los pasos de una investigación científica.  

En este contexto de pandemia, ¿para qué desarrollar una vacuna teniendo PNL? Ya no importan los estudios, sino las historias “milagrosas” de recuperación del COVID-19 a partir de la concentración, la repetición de vocabulario positivo o la meditación. Aquí, lo que importa son exclusivamente las experiencias de los sujetos.

No obstante la poca claridad en cuanto a qué es la PNL, aparece de manera reiterada la idea de “manual para el cerebro”. Pero ¿qué significa esto? En líneas generales, parece basarse en la metáfora “el mapa no es el territorio” (Lankton, 1980) formulada por Alfred Korzybski, un lingüista de Polonia que desarrolló su propio campo de investigación llamado semántica general (por las dudas: no tiene nada que ver con la semántica de la lingüística tradicional, aquella que se centra en  los significados de las palabras).

Tomando la metáfora de la semántica general, la PNL promete estudiar la experiencia subjetiva humana empleando herramientas que le permitan al terapeuta acceder al estudio del mapa particular de cada individuo. Este mapa es único (puede estar distorsionado, empobrecido, desactualizado, entre otras particularidades), está constituido por los cinco sentidos y difiere del mapa de la persona que lo está evaluando. El acceso al mapa de un individuo se consigue mediante dos vías —o, bueno, a través de dos supuestos, como veremos más adelante—: el análisis de discurso que permite el acceso a los sistemas representacionales (visual, auditivo, kinestésico) y el estudio de los movimientos oculares asociados a determinadas palabras. El mejor terapeuta es aquel que puede acceder al sistema de representación de su paciente y allí implementar con mayor eficacia algunas de las terapias elegidas para el caso: modelos mentales, neurocoaching, ecología verbal o reprogramación, entre otras citadas.

UN PEQUEÑO PASO PARA EL HOMBRE, ¿UN GRAN PASO PARA LA PSICOLOGÍA?

Las ideas mencionadas tienen su anclaje, según los desarrolladores de la PNL, en la observación de múltiples terapias exitosas. En particular, destacan a los psicólogos Fritz Perls (de la terapia Gestalt y del awareness), Milton Erickson (hipnosis terapéutica) y Virginia Satir (de la terapia familiar clínica), todos estandartes de la Psicología Transformacional New Age

Los fundadores de la programación neurolingüística fueron un lingüista y un estudiante de maestría de matemática con intereses lingüísticos —y lucrativos— muy específicos (lástima que su sociedad se disolvió unos años más tarde, con un juicio de por medio sobre la propiedad intelectual de una serie de marcas registradas relacionadas con las técnicas “psicológicas” que descubrieron).

El primero de ellos, John Grinder, trabajó en el marco de la gramática generativa (la corriente teórica que tuvo a Noam Chomsky como su fundador, nada más ni nada menos) y ejerció la docencia en varias universidades de California. El segundo, Richard Bandler, fue uno de sus estudiantes. Obviamente, ambos dejaron de producir y renunciaron a sus cargos una vez que se dedicaron de lleno al negocio de la programación neurolingüística

Para 1970, el éxito rotundo de la PNL obedecía al boom del mercado de servicios psicológicos, que comenzaba a ser popular entre empresas multinacionales, universidades estatales e incluso el ejército de Estados Unidos. Actualmente, son variadas las disciplinas que han integrado técnicas de PNL: resaltan salud, psicología y, sobre todo, educación, disciplina que ha recibido más atención y que se encuentra integrada en institutos educativos del Reino Unido y Europa (Witkowski, 2011). 

El éxito de su expansión se basa en una especie de modelo de adaptación de las estafas piramidales (sí, tipo NuSkin, telar de la abundancia, entre otros) aplicadas al mundo del coaching y las terapias del yo. Al mismo tiempo que descubrir los cimientos que dan el soporte a las técnicas de PNL se vuelve cada día una tarea más oscura, surgen nuevas instituciones, gurúes e instructores que son formades y pronto pasan a ser formadores de nueves especialistas (pagos) en el arte de la PNL. De esta manera, las técnicas parecen ser internacionales, y hasta universales, probadas y recomendadas por un sinfín de clientes satisfeches con los resultados y llaman la atención de otres (sí, otres, porque Grinder y Bandler ya tenían lo suyo) empresaries, influencers y coachs que llevan a quien sea al éxito y a la riqueza.

Más allá de los intereses corporativos de la PNL, y el éxito de su infiltración aplicación en otras áreas de las ciencias humanas y médicas, ¿cómo se justifica la presencia de nociones como “lingüística” y “neurolingüística”? ¿Cuáles son las bases neurocientíficas o relacionadas a la teoría del lenguaje de la PNL? ¿Qué ideas o conceptos pueden tener relación con esta disciplina y en qué medida son acertados, tergiversados o directamente falseados?

ACERCA DE CÓMO ESTRUCTURAS SINTÁCTICAS (NO) PROMETE LA EXCELENCIA HUMANA

¿Es cierto que la gramática transformacional puede lograr que dejemos de fumar? 

La vaguedad en la utilización de muchos conceptos de la PNL estuvo ligada desde un inicio a las pretensiones que sus creadores tuvieron al momento de formular este programa para el éxito. En una entrevista de 1996 John Grinder afirmaba que:

“[era] muy útil planificar esta campaña [de PNL] utilizando […] como guía el excelente trabajo de Thomas Kuhn (La estructura de las revoluciones científicas) en el que detalló algunas de las condiciones que históricamente han obtenido en el medio de cambios de paradigma. Por ejemplo, creo que fue muy útil que ninguno de nosotros estuviera calificado en el campo que buscamos primero: psicología y, en particular, su aplicación terapéutica; esta es una de las condiciones que Kuhn identificó en su estudio histórico de los cambios de paradigma

Imaginemos cómo sería un mundo en el que se formularan teorías científicas e hipótesis sin ningún tipo de especialización académica. Probablemente, diríamos cosas tales como que las antenas 5G son las causantes de la propagación del COVID-19. ¿Cómo? ¿Esa hipótesis existe de verdad? 

Fuente: @fabballarini. Enlace: https://twitter.com/FabBallarini/status/1266836308430856192

¿Podría la PNL ser un cambio de paradigma en la psicología como lo fue la teoría de Einstein en la física? 

Respuesta corta: no. 

Respuesta larga: de acuerdo con Kuhn, los cambios de paradigmas ocurren en la historia cuando nueva evidencia no puede ser explicada por una teoría antigua y nos encontramos en un período de crisis. Dicho período puede ser atravesado por la comunidad científica, pero si no se logra superar dicha crisis ocurre una revolución científica y así hay un reemplazo completo, o en parte, de un paradigma (e.g., newtoniano) por otro (e.g., einsteniano) totalmente nuevo e incompatible. 

En un acto de extrapolación forzada, desde el campo de la psicología (campo que Kuhn nunca abordó), si quisiéramos abordar la depresión desde el paradigma A (tómese cualquier teoría anterior a la PNL), todos los conocimientos y metodologías utilizadas no se conservarían a partir de la aparición del paradigma B (en este caso, la PNL) ya que cambia totalmente la manera de concebir los fenómenos y la realidad, dado que ambos paradigmas son inconmensurables.

Lamentablemente para los acólitos de la PNL, la historia misma expone que ni Bandler ni Grinder estaban respondiendo a ningún tipo de crisis en ningún campo científico y no han contribuido a ningún cambio de paradigma, dado que los avances en neurología, psicología y lingüística de ninguna manera han tenido que ver con la PNL.

Evidentemente, no solo la falta de experiencia en la psicología tuvo sus consecuencias en la creación y desarrollo posterior de la PNL, sino también una lectura de Noam Chomsky sospechosamente similar (en cuanto a sus malas interpretaciones) a la de Thomas Kuhn.

 La PNL parte de una metáfora computacional (créase o no, Alan Turing fue otra de las influencias) del cerebro y afirma que todos los cerebros son iguales pero están diferenciados por su programación que depende del lenguaje. Concretamente, el significado de lingüístico en su programa refiere al uso de lenguaje verbal y no verbal que codifica y estructura nuestras experiencias de manera simbólica. La clave está en que este lenguaje no sirve únicamente para comunicarse con otres sino para comunicarnos con nosotres mismes y programarnos (¡como la canción de Virus!).

De acuerdo con Bostic St Clair y Grinder (2001), la gramática transformacional de Chomsky (1965) se ha constituido como la influencia más penetrante de la PNL, especialmente los conceptos de estructura profunda y estructura superficial. Al respecto, “la gramática transformacional sugiere que la experiencia sensorial se transforma en entendimiento consciente a través del lenguaje y, con frecuencia, el lenguaje que usamos borra y distorsiona aspectos de la experiencia original” (Grimley 2010: 189). 

Dado que la PNL asume que el lenguaje es un modelo de nuestro mundo, la gramática transformacional se constituye como un modelo del modelo de nuestro mundo, esto es, un metamodelo. 

En primer lugar, uno de los puntos críticos acerca de la perspectiva lingüística de la PNL es el abandono del modelo reglar de la gramática generativa luego de 1980. Asimismo, existe una confusión teórica que deriva en consecuencias metodológicas producto de una interpretación errónea de la gramática transformacional. En primer lugar, esta teoría es un modelo de gramática y no un método terapéutico basado en reglas que transforman eventos externos al sujeto en entendimiento consciente.

En segundo lugar, una regla de reescritura y/o transformacional es un constructo teórico que proyecta estructuras sintácticas a partir de unidades léxicas. Si bien este tipo de reglas se constituyeron en un primerísimo momento de la teoría como una manera de explicar la creatividad del lenguaje, la PNL, tomando esto como punto de partida, asumió que dado que el lenguaje humano estructura nuestra experiencia y está conformado por reglas, dichas reglas podrían explicar la relación entre (a) mundo externo al sujeto, (b) lenguaje que utiliza para estructurar su experiencia y (c) entendimiento consciente a partir de reglas que actúan como un componente intermediario de (b) entre (a) y (c). 

Sacando de la escena a Noam Chomsky y la interpretación poco ortodoxa de su modelo reglar, sí existen dos influencias seminales para la PNL que son las teorías de Alfred Korzybski y Samuel Ichiye Hayakawa. Ambos lingüistas sostenían que el comportamiento y el pensamiento estaban determinados por el uso del lenguaje y, así, la modificación en el uso del lenguaje tenía como resultado cambios en el comportamiento del sujeto.

Y sí, tan lejos de Chomsky y tan cerca de Sapir y Whorf. Recordemos que, si bien los pobres Edward y Benjamin no son mencionados como influencias (¡quién sabe qué clase de interpretación de Lenguaje, pensamiento y realidad podrían haber hecho los buenos de Grinder y Bandler!), la conocida hipótesis de Sapir-Whorf afirmaba que el lenguaje daba forma al pensamiento y al comportamiento y que, por lo tanto, las distintas lenguas promovían distintas visiones del mundo.

La pregunta que surge es cómo estas influencias se aplican dentro de un marco terapéutico. En 1991, el doctor David Bourlan, inspirado en estas influencias lingüísticas, creó un método llamado E-Prime (English Prime) que consistía en quitar todas las cópulas de las oraciones (e.g., is/es, are/sos/somos/son, am/soy) para (agarrénse fuerte) promover un lenguaje más detallado. De esta forma, afirmaba que el discurso del sujeto se volvía más claro y preciso (sea lo que fuera que signifique eso).

 Un ejemplo citado en Scorpio (2001) es el borrado de la cópula es en “Eric Clapton es Dios” y la posterior transformación de dicha frase en “El club de fans de Eric pronunció que Clapton tiene alguna de las características de Dios”. In-cre-í-ble. De esta forma, se suponía que el coach podía acceder a tu mundo interno de una manera mucho más clara. 

Lamentablemente, lo único que la PNL tiene de lingüístico es el nombre: Witkowski en 2011 reseñó más de cuatrocientos papers acerca de la PNL y mostró que solo el 9,5% de los estudios apoyaba las teorías y la efectividad de las técnicas de PNL, el 19% las apoyaba parcialmente y, finalmente, el 71,5% de los estudios las desacreditaba. Así, el autor afirmó que la PNL era inefectiva tanto como modelo que explica el comportamiento humano y la comunicación como así también como conjunto de técnicas de influencias y persuasión. En otro estudio, Passmore y Rowson (2019)  revelan que la PNL ocupa la posición número 18 en las terapias más desacreditadas. 

Créase o no, otras pseudociencias como las terapias con delfines y la cristaloterapia parecen ser más respetadas que la PNL.

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REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Bostic St Clair, C., & Grinder, J. (2001). Whispering in the wind. Scotts Valley, CA: J&C Enterprise.
Chomsky, N. (1965). Aspects of the Theory of Syntax. Cambridge, Mass.: MIT Press.
Grimley, B. (2010). “The NPL Approach to Coaching”. En Elaine Cox, Tatiana Bachkirova y David Clutterbuck (eds.),  The Complete Handbook of Coaching. London: SAGE Publications.
Lankton, S. R. (1980). Practical Magic: A translation of basic neuro-linguistic programming into clinical psychotherapy. Cupertino, CA: Meta Publications.
O’Connor, J., & Seymour, J. (1995). Introducing NLP neuro-linguistic programming. London: Thorsons.
Scorpio, D. “E-Prime tutorial”. Disponible en: http://www.angelfire.com/nd/danscorpio/ep2.html. Último acceso 08/06/2020.
Witkowski, T. 2011. “A review of research findings on neuro-linguistic programming”. Scientific Review of Mental Health Practice. Center for Inquiry.

Programación Neurolingüística: estoy en evidencia, engañar tiene su ciencia by Red de Lingüistas en Formación (Arellano, Nicolás; Chimenti, Ángeles; Ramírez, Laura; Silva, María Florencia) is licensed under a Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional License.
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